El periodismo me encontró

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Siempre ando en la búsqueda de algo, cuando era niña solía aburrirme muy rápido de las actividades, estuve en baile y no era lo mío (sigue no siéndolo). Una vez estaba en una especie de campamento vacacional  y nos pidieron que escribierámos un libro. Niña de seis años, se me vino a la cabeza una historia cliché de la princesa que quiere ser rescatada. La mañana pasó volando y – sorprendentemente – no me aburrí. Crear personajes, situaciones, imaginar un bosque, un castillo, hizo que me imaginación volara y que mi mente se mantuviera ocupada, ese podría ser el momento en el que me di cuenta que escribir no aburre y que leer te rescata.

Crecí y el camino me llevó a estudiar periodismo – en primera instancia porque era malisima con los números (sigo siéndolo), pero nunca había soñado con «salir en televisión». Recuerdo que quería ser algo así como embajadora en la ONU, pero también me gustaba el teatro y las letras. Llegó ese momento donde debes decidir tú «futuro» acádemico escogiendo tres simples opciones, las mías fueron algo así: estudios internacionales, artes escénicas y letras. Todas en Caracas, una niña de 15 años viviendo sola en Caracas – aquí entra el susto de los padres – me seleccionaron en teatro. Pero mi mamá me vendió el periodismo como una carrera donde puedes desarrollar tu lado artístico y encontrar trabajos de verdad. Así llegó mi pasión. Yo que siempre he andado buscando, el periodismo me encontró.

En la vida existen cosas que amas porque si y eso me pasa con el periodismo. Estudiando me di cuenta que era verdad lo que me había dicho mi mamá, era más que las caras bonitas de TV, más que las voces engoladas de las radios. El periodismo era pasión, era un motor, era un contralor, era un puente, sigue siéndolo. Las preguntas siempre están allí y en repetidas ocasiones me hicieron esta: ¿por qué estudias periodismo? luego se trasnformó a ¿por qué eres periodista?. Mi respuesta era la misma para ambas preguntas: el periodismo es ciencia porque debes aplicar ciertas formulas lógicas para lograr tú objetivo, es arte porque debes apelar a tú creatividad para narrar una historia como más nadie podría hacerlo, es pasional porque desde que un hecho llega a ti pones tú corazón en el, además es un puente entre la sociedad y el poder. Después de esa respuesta solo decían: se nota que te gusta el periodismo.

Este oficio, como lo decía García Márquez en su tan usada frase, me ha dado alegría, tristezas, amigos, enemigos, encuentros, desencuentros, sinónimos y antónimos. Pero agradezco dos cosas muy importantes. Me encontré, gracias al periodismo, supe que me gusta muchisimo escribir, que puedes expresar y darle voz a los demás solo con letras y que si uso esta pasión correctamente puedo, inluso, ayudar los demás – por algo el periodismo es una ciencia social, te conecta con la humanidad.

Humano, lo otro que agradezco, el trabajar como periodista me hizo más humana. Día tras día conocí personas que me contaban sus historias y era imposible no conectar con ellas. Presencié escenas terribles donde sentía que el mundo está muy mal, pero también fui testigo de actos de inmensa bondad, fueron incontables las veces en las que, visitando algún barrio las personas me ofrecían café, agua, arepas, podría que solo tuvieran eso para comer ellos por una semana, pero igual lo ofrecían. Personas que estaban esperando afuera de una Morgue me brindaban una sonrisa o me decían: a pesar de todo la vida sigue. Niños que jugaban a metros de un cadáver, pero que aún así mostraban su inocencia. El periodismo me mostró que la vida no es a blanco y negro, tiene matices y son esos los que te hacen querer describirlos, contarlos y mostrar que el periodismo también puede ser un puente, puede conectar a las personas.

Tengo poco más de un año alejada del periodismo tradicional, ese que se hace desde la sabrosura de una redacción, hay días en los que extraño (hoy es uno de esos), pero esta distancia me ha hecho pensar, crear desde otras áreas, me ha puesto a leer, a estudiar y a visualizar que el destino me encontrara otra vez con él. De algo estoy segura, nunca se deja de ser periodista, pues me cuestiono con las 5wh y nunca me quedo con una sola parte de la historia.

Gracias a mi mamá por haberme vendido el periodismo tan bien 🙂

 

Sobre ser «otra persona»

 

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Soy María José, pero a veces me he convertido en otra persona (y no porque sea actriz), sino porque escribo. Aunque aún no he escrito mi primera novela o mi guión para venderselo a Netflix si he estado detrás de la creación de discursos, respuestas a posibles preguntas, preparación para entrevistas y guiones para vender ideas.

Hace unos meses estuve revolviendo papeles y encontré una carta – publicada en distintos medios impresos en Venezuela – esa carta estaba firmada por alguien al que llamaré mi “primer cliente” un hombre de negocios, de grandes ideales, de esos que han dejado la piel trabajando por su país, de él aprendí muchísimo. Pero lo que los lectores no sabían es que esa carta fue escrita por mi y aprobada por quien la firmó.

Recuerdo esos tiempos y sin duda fue allí cuando me di cuenta que esta es mi pasión, el periodismo es escribir, comunicar y disfrutar del proceso.  Y hacer de eso mi vida fue lo que me animó a dar el paso y crear Sin Rotativa.

Además de esa carta también redacté discursos que iban dirigidos a distintos públicos – un lenguaje para cada uno – llegaban preguntas a entrevistas y las respondía, cada post publicado en las redes sociales salió de mi cabeza, los guiones para radio y televisión también los redacté. Organicé ruedas de prensas, eventos sociales y varias veces me tocó hablar con algunos periodistas y decirles: por favor evita ese tipo de preguntas (censura?, no. Solo hacía lo que debía).

Cuando empecé con ese trabajo sentí que – quizás- no iba a estar a la altura, pero resultó que sobrepasé mis propias expectativas (hay que ser humilde, pero también hay que reconocer cuando hacemos las cosas bien), el éxito radicó en la confianza y en el profesionalismo con que manejé la relación. En mis tiempos libres – que eran pocos – leía libros sobre temas que le gustaban a mi cliente, economía, liberalismo, fotografía, ganadería, porque no hay mejor manera de conocer a una persona que leyendo.

Las mañanas eran un ritual, prender la computadora y revisar todas las noticias que generaban interés – no para mi – sino para la persona en la que me convertía, escribía lo más importante que había ocurrido y las enviaba por correo electrónico para que mi cliente estuviera al tanto y si tenía que dar una entrevista supiese qué estaba pasando. No había cabida para la improvisación.

Nadie notaba la diferencia en los textos que enviaba a los medios de comunicación. Escribía en primera persona, me convertía en otra persona, los pasaba para su aprobación y luego de esto: enviar. Momentos después mis artículos se reproducían en medios digitales, eso solo significaba una cosa: había hecho un buen trabajo.

Pasaron los meses y esta relación dejó de ser de oficina y lo tomé como freelance, fue en ese momento cuando algo en mi interior dijo: esto es lo tuyo. Estaba en mi casa creando contenido para una persona, sentí una libertad que no había experimentado. Durante varios años no renunciaba a mi primer empleo – en un periódico – por “miedo”, pero resultó que cuando me atreví todo empezó a fluir. Escribía para dos revistas, hacía creación de contenido para una página web, manejé las redes sociales de tres marcas y empecé a soñar con mi propia “agencia de escritura creativa”.

El tiempo corre y no se detiene. Hoy sigo insistiendo en mi sueño, escribo para dos páginas web con las que comparto amor y visión del mundo. Una es La Chica del Banquillo, un proyecto lleno de girl power liderado por una periodista venezolana que ha hecho de ESPN su hogar, también colaboro en Tavla Rasa un sitio en la 2.0 donde los apasionados de las letras nos juntamos para contar historias. En medio de la vida, del día a día estoy aquí aprendiendo, fallando y haciendo camino en Sin Rotativa un lugar donde quiero ser muchas otras personas, pero sin dejar de ser Majo, la que escribe, lee, crea y cree en su sueño.

 

Relatos del último mes

Miguel eres el 39, en el día 40. Nunca, nunca me han gustado los números, las cifras, siempre les huyo. No me gusta que te califiquen, aunque desde que nos iniciamos socialmente andamos en busca de un 20, los números se los dejo a los matemáticos.
El asesinato de Miguel hizo que muchas cosas en mi se removieran, una de ellas ha sido mi rechazo a las cifras. El 39, en el día 40, es tan impersonal, tan dígitos numéricos, tan carente de vida. Por casi cuatro años, cada mes, cada semana, convertía nombres en números, números que escondían una vida, números que hacían más visible el boletín de la muerte. Llevas las estadísticas?, me preguntaban mis editores – Sí, siempre debí llevarlas. Un fin de semana ‘tranquilo’, cerraba con 12 personas asesinadas. Un mes ‘normal’, con 60 – 80. Un año?, con miles. Si, Barquisimeto ha aportado una gran cuota a esa dantesca cifra de más de 200 mil personas asesinadas en años de Revolución. Yo misma presencié incontables escenas llenas de sangre y dolor. Creí haberme ‘curado’, después de haber sido ‘redactora de la muerte’, pero no. Es imposible curarte del dolor.
Miguel, no quiero que se te recuerde como el 39 del día 40, el ‘Caído’, hay que recordarte como lo que no pudiste ser, como lo que un Gobierno asesino te impidió ser, como ese periodista deportivo que deseaba escribir o narrar las hazañas de nuestros caballos en la MLB, como ese hijo rebelde que, aunque su padre le dijo que no protestara salió a la calle. Tu asesinato duele y mucho. No te conocí, pero me has sacado lágrimas, no te conocí, pero para mi no serás el 39. Para mi eres, fuiste y serás Miguel Castillo, un periodista que seguro se llevaba bien con las cifras, esas cifras de average, de goles, de puntos. Que tú asesinato no se quede en el 39. Justicia?, no habrá, libertad?, espero que sí.

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Del Gabo y su premonición – Hugo Chávez, nombre imborrable en la memoria colectiva venezolana, lamentablemente siempre lo tendremos presente, por arruinar nuestro país, por sembrar odio, por dañarnos como sociedad. Pareciera que al magnánimo Chávez no lo quieren ni los que osan a calificarse como adeptos a su ideología política, pues son ellos quienes buscan acabar con la ‘Bicha del 99’, la bandera de Chávez. A Hugo no lo quieren ni en su querida Sabaneta, a Hugo le prenden fuego, a Hugo lo vuelven mierda. En estos momentos entiendo esa frase, ese deseo «que Dios le de larga vida para que las pague aquí», me encantaría que Chávez estuviese vivo para que viera todo lo que está pasando.
Si Hugo estuviese vivo debía leer la entrevista que, en el 99, le hizo García Márquez, ‘El Enigma de los dos Chávez’, el Gabo siempre lo supo, Chavez escondía dos demonios o muchos más. Hace días me topé con este texto y lo releí, al terminarlo sentí asco, rabia, impotencia. El escritor describe, con su toque socialista y caribeño, al militar venido a presidente, lo dibuja como un encantador de serpientes, una cara de llanero simpático que esconde odio.
Entre cuentos de cuando deseaba ser pelotero y su ascenso a Miraflores, Chávez narra, con dolor, las veces que siendo soldado le tocó ver como mataban a golpes a opositores, cuenta como el 27 de febrero de 1989, sacaron de Fuerte Tiuna a cientos de soldados y la única orden era «hay que parar la vaina como sea», Chávez cuenta el dolor que le produjo ver a los soldados matando a su pueblo, a esos que estaban destinados a ‘proteger’. Chávez déjame decirte que tus miserables Fuerzas Armadas Bolivarianas, están matando al pueblo en 2017, lo hacen usando tú legado. Lo hacen porque tú pusiste los precedentes, lo hacen porque siempre fuiste dos o más demonios.
García Márquez termina ese texto diciendo: «Me estremeció la sensación de haber viajado y hablado con dos hombres. Uno a quien la suerte empedernida le ofreció la oportunidad de salvar a su país. Y otro un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más».
Pasaste a la historia como ese Chávez, el déspota, el asesino, el dictador.

 

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Somos uno – UN cuerpo, UNA mente y UN corazón! Pero desde hace rato no soy UNA entera, mi cuerpo está en el Norte, mi mente y corazón en el Sur. – Como venezolana y si a eso se le suma ser periodista se me hace MUY difícil desentenderme de lo que pasa día tras día en Venezuela, Twitter e Instagram se han convertido en ese lugar en el que paso bastante tiempo durante el día [aunque quisiera bajar la dosis, no puedo]. Impotencia, tristeza, ansiedad, esperanza, desasosiego son algunos de los sentimientos que se atraviesan en mi cada vez que pienso en lo que pasa en mi país.
No estar allá en este momento me genera una ‘ensalada sentimental’ [termino robado a @masdulcita] debería ‘alegrarme’, por no estar?, debería sentir tanta impotencia?. Cómo juntamos el cuerpo, la mente y el corazón?! Será que los venezolanos que estamos en otros lugares nos multiplicamos y ahora tenemos muchas mentes y corazones regados?! Cuando en Chile empezaron las protestas y rebelión contra Pinochet, la oposición pedía a las personas mayores y a los exiliados que oraran y que sus corazones pidieran por su patria, ellos creían que toda esa energía haría mella en el dictador – Creamos lo mismo!